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Existe entre nosotros,
desde tiempos inmemorables, el profundo impulso
de servir a las comunidades a las que pertenecemos
en un momento histórico determinado; especialmente
por servir a los más débiles, a aquellos, que más
necesidades tienen.
Este impulso va más
allá de cualquier ideología política. De hecho,
ese impulso es la materia de la que se nutren y
se seguirán nutriendo, esas ideologías a través
de los tiempos, pues no son más que la materialización
coyuntural, de un sentimiento justiciero civilizatorio.
La comprobación de este aserto, la podemos encontrar en el análisis histórico de las disímbolas filosofías políticas, que han surgido en la historia del las civilizaciones, creadas por el hombre
Aristóteles definió como de “animal político” a esa característica inherente, ese impulso por servir, que tenemos los hombres civilizados y que, desafortunadamente, hemos dejado perder, para desgracia de la superación social.
Queda muy claro que esa actitud generalizada, es la que hemos estado necesitando en nuestras sociedades, no sólo en México, sino en el mundo.
Sin duda, con mayor participación de todos, podríamos construir sociedades más justas, equitativas y felices.
Ese es el impulso y el origen de toda mi carrera política, independientemente de cualquier ideología particular que es por definición, limitada y limitante.
Desde la jefatura de manzana de mi colonia, hasta la Diputación Federal o el gobierno de la Delegación Cuajimalpa de Morelos, siempre ha existido en mí y seguirá existiendo, sin duda, el impulso por servir.
Francisco De Souza Mayo. |